el
El amor no es más importante que el trabajo. Me ha quedado claro y ha sido una decepción.
El amor no es más importante que el trabajo. Me ha quedado claro y ha sido una decepción.
Hay días en los que me sumerjo en el pasado en la búsqueda de antiguas sensaciones maravillosas. Vuelvo a sentir aquella extraña calidéz y a experimentar el cosquilleo en el estómago que me embargaba cuando estaba contigo.
A veces me pregunto por qué no funcionó, por qué sucedió tan rápido y por qué fue tan hermoso. Pero luego analizo bien las cosas, y creo que exagero, puesto que todo fue normal y no tan bueno como tiendo a pensar.
Siento que el charco cada vez se hace más grande y que cada vez me ahogo con más fuerza. No importan mis ganas de flotar o mis preciados anhelos de tocar la tierra, porque hay personas que estamos destinadas a vivir de las pesadillas.
En mi vida, a toda hora es un ocaso.
Cuando más incomprendido me siento es cuando estoy rodeado de gente que desea enterme. Viva está la frustración que siento dentro de mi pecho, me hiere muy despacio y de a poquito, con la lentitud de la llovizna cuando moja la arena de la playa. Quiero cantar entre sollozos y quiero sentir, también, un mínimo de comprensión, pero la gente es tan compleja como yo mismo y a eso se suma que yo no soy el centro del universo.
Cuando desperté esa mañana, miré mis piernas y vi que vestían un viejo short azul de algodón. Más allá estaba la ventana, con un sol radiante que llenaba la habitación con una sensación tibia y relajante. Un mosquito reboloteaba sobre nuestras cabezas. Él lo espantó con su mano derecha… ¿qué mierda he hecho? me pregunté. Ahora todo es pasado.
Mis viejas heridas ya están sanadas.
No sé qué pensar, ni cómo afrontar esto.
Las cosas siempre pueden empeorar. No importa la cantidad sueños que, cada noche, nos invadan o cuantas metas tengamos por cumplir, siempre basta una caída para que un humano no pueda levantarse más.
Super extraño
Quiero cantar y con mi voz pintar las paredes de azúl cielo, estirar los dedos y sentir tu piel tibia acariciando mis nudillos. Quiero arrojar mis ojos al viento, mis codos al suelo y dejar que mi ombligo respire. Quiero dejar todo esto, quiero muchas cosas, quiero no querer muchas más.